EL PACTO:
Dios revisaba el primero de sus fallos. Entonces volvió a convocar a Adán, a Eva y al ofidio para intentar observar sus comportamientos. Entró Adán y el supremo le preguntó como estaba. Al primero de los hombres se lo notaba molesto. Del paraíso al trabajo con el sudor de su frente, sin escalas, no le parecía un buen negocio. Dios se incomodó y le pidió que se fuese. Entró Eva. Condenada a parir con dolor. Dios la observó con su panza de varios meses y con eso le bastó. La mujer no dijo nada y se fué. Dios meditaba acerca de las posibilidades que había dado y que tanto Eva como Adán habían perdido. Luego entró el ofidio.
Entonces Dios se aflojó de sus preocupaciones porque inmediatamente y antes que le dijese algo, el ofidio le guiñó un ojo y el supremo entendió, una vez más, como iba a funcionar el planeta desde entonces. Todo estaba arreglado de antes.
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